La esperanza es como una droga. Siempre que piensas "ya no tengo esperanza" hay un pequeño rincón en tu cerebro que si la tiene. Que cree que eso que ansias pero que te niegas a esperar suceda. Y, al final, solo un sentimiento de pesar se instala en tu pecho. Y tarda en abandonarte.
Por eso, es como una droga. No la quieres pero, una parte, por pequeña que sea, la necesita; es adicta, y como resultado, acaba haciéndote daño, mas del que tu tan siquiera quieres pensar, asimilar.
miércoles, 11 de marzo de 2015
Esperanza
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