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Estaba oscuro fuera
del castillo pero aún más en el bosque. ¿Cómo había llegado allí? se preguntó
Elaine. Le dolía mucho la cabeza y si no se equivocaba estaba atada a un árbol.
Tenía vagos recuerdos...
Iba con su comitiva
hablando con su capitán de guardia cuando unos encapuchados de negro les
tendieron una emboscada.
Su guardia cayó y
solo sobrevivieron ella, su capitán de guardia y su segundo al mando. A ella la
habían cogido y se la habían llevado al bosque y, si no se equivocaba, a ellos
les habían dado un golpe en la cabeza dejándolos inconscientes.
Ella, como también
había luchado, había recibido varios golpes y estaba un poco mareada; pero la
culpa de que ahora le doliese la cabeza era porque el bruto que la llevaba,
cuando la tiró al suelo le dio un golpe en la cabeza contra el árbol. La verdad
es que no se acordaba de él, lo cual, la perjudicaba.
Miró hacia el
castillo del rey y la reina, la estarían esperando. Había salido un poco tarde
del castillo porque no tenían preparadas las provisiones para el viaje y la
comida no estaba en buen estado. Aquello era extraño. Su cocinera y amiga,
Marion, se había asegurado de que todo saliese bien y es que era también, una
excelente cocinera. Ahora si lo pensaba bien se daba cuenta de que le habían
tendido una trampa en el bosque y un sabotaje en su propio castillo. Cuando
llegase se encargaría de saber quien había sido el traidor; si es que salía
viva, claro. Las posibilidades no eran muchas pues estaba atada al árbol
por la cintura y las manos con una cuerda. Lo que tenía libre eran los pies.
Eso ya le daba más posibilidades.
Un aullido atravesó
el aire y a Elaine se le congeló la sangre en las venas. Si venían los lobos
iba a tener muchos problemas. Parecía que su secuestrador no la había
registrado porque aún notaba el cuchillo que siempre llevaba en las botas.
Mirando hacia un lado y a otro asegurándose de que no había nadie, levantó la
pierna dejándola en vertical y la desplazó hacia el lado opuesto de donde se
encontraba la daga. Muy despacio y con mucho esfuerzo la desplazó y el cuchillo
empezó a deslizarse por la pierna.
Después de un rato
el mango de éste chocó contra el estomago de Elaine sin hacerle ningún daño.
Con un suspiro bajó la pierna y se curvó hacia un lado dejando que cállese
encima de la hierba, a su lado. Con esfuerzo curvó la pierna derecha y empujó
el cuchillo donde estaban sus manos atadas. La volvió a estirar y cogió el
cuchillo con las manos.
Con los pocos y
limitados movimientos que le permitían las ataduras, logró rasgar las cuerdas
dejando sus manos libres. Las llevó hacia delante y cortó la cuerda que la
ataba por la cintura quedando al fin libre. Se frotó las muñecas que le dolían
de las ataduras y se levantó ágilmente. A la vista no había un alma y era raro
que el secuestrador aún no hubiese vuelto. Se pensaría que atándola así no
escaparía pero estaba en un grave error.
Aguzando bien los
oídos volvió por donde creía que la había llevado su captor. Tenía que
encontrar a Julian y a Gordon pues sabía Dios en qué condiciones se
encontraban. Andando con sigilo no haciendo el menor ruido iba mirando a todas
partes, aunque poco veía pues la espesura del bosque era densa y la luna
iluminaba muy poco.
Cuando ya había
caminado un buen trecho avistó un pequeño claro y dos figuras tiradas en el
suelo. Sí, seguro que eran ellos. Elaine sintió el impulso de salir corriendo
hacia ellos , ya que eran unos buenos amigos; pero se contuvo porque podía ser
una trampa. Lo más probable.
Mirando por todos los
lados se fue desplazando muy despacio y sin hacer ruido hacia un árbol bastante
alto y que tenía las ramas lo suficiente bajas para poder subir. Con lo poco
que se veía no sabía dónde poner el pie pero gracias al tacto logró dar con las
ramas. Fue escalando hasta que estuvo lo suficientemente alto y se asomó por
entre las hojas.
En el suelo estaban
sus dos hombres tirados como cuando se habían llevado a Elaine. Por los
alrededores parecía no haber nadie ya que solo se escuchaban los típicos
sonidos de una noche de verano: los grillos, los búhos.... Cuando se cercioró
de que no había nadie más en el claro, bajó del árbol rápidamente. La
preocupación por sus amigos la hacía moverse más rápido y no se fijó si había
alguien más aparte de en el claro, y quizás ese fue su error.
Cuando bajó y
se iba a girar para correr hacia el claro fue empujada contra el tronco del
árbol por el que había subido. Unas manos la tenían agarrada por los brazos y
un cuerpo fuerte y musculoso la aprisionaba contra el árbol. Era mucho más
fuerte que ella, pues Elaine intentaba soltarse pero no era capaz. Siguió
intentándolo pero su fuerzas empezaban a flaquear, ya que era como pelear
contra un muro. Soltando un suspiro de irritación le iba a decir que la
soltara cuando la voz de él la detuvo:
-Milady, milady,
milady... ¿qué es lo que hacéis sola, por la noche y en el bosque?- ¡Qué voz!
Grave y con un pequeño acento del sur. Le hablaba al lado del oído y lo peor es
que la tenía cautivada; sin duda podría estar escuchándole todo el día. Se
reprendió tan siquiera por pensar eso, la había básicamente acechado y ahora la
tenía totalmente inmovilizada. Por el momento era su enemigo y por lo tanto su
odio era para él. Tragando saliva, le dijo con tono desdeñoso:
-¿Y a vos que os
importa? Soltadme en este mismo instante- Su fuerte carcajada resonó en el
aire. Elaine notó que se sonrojaba y volvió a forcejear pero él la sujeto aún
más fuerte. Entre risas dijo:
-Que lengua más
viperina tenéis, mi dama de los árboles. Debo deciros que me gusta, y mucho.
Mirad en vez de tratarme tan mal, deberíais darme las gracias pues os he
salvado de una muerte segura. Por estos parajes andaba un hombre bien
pertrechado y creo que iba en la dirección de la que vos veníais. Pero
tranquila, mi bella doncella, ya os he rescatado de tal fatal destino.-
<<Ja>>pensó Elaine. ¿Cómo se iba a fiar de semejante truhán? Seguro
que estaba mintiendo como un cosaco. Decidió que a lo mejor enfadándolo le
hacía desembuchar.
-Tenéis demasiada
labia, señor; pues tales palabras me parecen una falacia.
-Bueno, bueno...
¿Dudáis de mis palabras? No deberíais ya que soy honesto. Me habéis ofendido.
-¿No me digáis?-
preguntó Elaine con una voz alegre fingida.
-Y ahora con
sarcasmo ¿eh? ¿Qué pretendéis?- La boca de él se iba acercando más y más a su
mejilla y Elaine iba contando los segundos que pasaban con su avance. ¿Quién
era? ¿Qué quería? ¿Por qué le hacía eso? ¿Por qué sentía aquello?
-Noto como vuestra
respiración se acelera, milady...
-Será por la rabia
que aumenta.
-Vaya, no me digáis
que me vais a arañar...
-Si tengo
oportunidad...- Otra carcajada suya resonó en el aire; entonces con más fuerza
que antes le deslizó lentamente las manos por sus brazos hasta sus manos y le
agarró las dos con una suya. Con esas caricias Elaine sintió un escalofrió y se
reprendió a si misma por no sentir asco. De pronto le dio la vuelta bruscamente
y la apoyó contra el árbol.
Un rayo de luna se
coló entre las hojas de los árboles e iluminó su rostro. Era asombrosamente
bello. Tenía el pelo negro y una cara bronceada pero lo que más le llamó la
atención a Elaine fueron sus ojos, de un verde brillante. Nunca, donde
fuese, pasarían desapercibidos. El rayo solo los iluminó un momento pero bastó
para que esos ojos le quedasen grabados en la memoria. Eran los ojos más
verdes que había visto en su vida. No los olvidaría nunca.
Mientras miraba
embobada a sus ojos él había levantado la mano y le estaba acariciando los
mechones rojizos de su pelo. Parecía absorto al igual que Elaine. Ninguno dijo
nada, en ningún momento. Solo se miraban. De repente él murmuró:
-Este pelo... me
vuelve loco.- Y a continuación bajó la cabeza y besó a Elaine.